En México hemos tenido, desde siempre, una forma muy peculiar de encarar el terror; basta recordar lo que dicen del mexicano: “vivimos celebrando… hasta a sus muertos”.
Por: José Martínez
Hace algunos días celebramos a nuestro difuntos, festividad que viene desde la época prehispánica y que no importó la llegada y conquista de los españoles para arrebatarnos una tradición tan nuestra como el mismo maíz.
Ejemplos sobre nuestro vinculo con la muerte sobran, basta recordar y dar un viaje por algunos discos hechos en nuestro país y la tan recordada canción de “La Llorona”, canto atribuido a la sierra oaxaqueña y que ha traspasado la barrera del tiempo para ser ya, del dominio nacional.
Ya entrados en la época del rock and roll tenemos la canción de la “Llorona loca” (Los Gliders) que hacia bailar a nuestros padres a ritmo de Twist a finales de los años 50.
En el mundo de la televisión también hay ejemplos, desde programas de tv que hicieron historia como “La hora marcada”, telenovelas como “El maleficio” o la parodia del “Show de horror de Rocky” hecha por Cachun Cachun Ra Ra!!,
También hemos llevando a vampiros, lobos, momias y hasta a la llorona a pelear con nuestros súper héroes como lo son los luchadores (santo y blue Demon) o el mismísimo Chavelo y Pepito. Películas de terror donde el hilo del murciélago o la máscara de látex mal puesta era evidente; ver a Pedrito Fernández corriendo como imbécil en la célebre “Vacaciones de Terror”, sin olvidar una muy al estilo de Scary Movie mexicana como “El Miedo no anda en Burro” con la India María.
Desafortunadamente la globalización ha afectado hasta cierto punto esta celebración y nos ha invadido el tan mentado Halloween, festividad que nosotros adoptamos de nuestro vecino país y que ha desplazado nuestro ritual del 1 y 2 de noviembre en estas nuevas generaciones.
Para que las tradiciones no mueran, hacemos un breve recuento del cine de terror nacional y que hasta hace algún tiempo estaba alejado de las películas hollywoodenses que han llegado a nuestro país.
Enfocándonos realmente en el cine, existen trabajos mexicanos que si bien carecen de producción espectacular son historias muy bien logradas. En esta ocasión me día la tarea de escoger algunas cintas desde la década de los 50 a nuestros días, que retratan al muy particular estilo mexicano el cine de terror en México, mismo que, algunos, son considerados como clásicos del cine nacional.
El vampiro (1957) de Fernando Méndez
Película que inmortalizaría a Germán Robles como el mejor Drácula del cine nacional, y que cuenta la historia una joven llamada Martha que llega a Sierra Negra para visitar a su tía enferma. En el mismo tren viaja Enrique, un agente viajero que se ofrece a acompañarla. Al llegar a la estación, la pareja acepta continuar el recorrido en una desvencijada carreta que llegó a recoger una misteriosa caja procedente de Hungría. Al llegar a la hacienda de sus parientes, Marta se entera de que su tía ha muerto y decide quedarse, sin percatarse de que está a merced de los vampiros.
Macario (1959) de Roberto Gavaldón
Cuento de los hermanos Grimm, adaptado por Emilio Carballido y dirigida por Roberto Gavaldón, la cual se convierte en un extraordinario drama fantástico encabezado por un campesino llamado Macario, obsesionado con la pobreza y una retorcida idea de la muerte. Cercado por el hambre decide aguantarse, hasta no comerse él solo un guajolote, sin convidarle ni a Dios ni al Diablo, sin embargo a la muerte si le deja "refinarse" un “cacho”, razón por la que ésta le regala un agua benéfica que lo vuelve curandero milagroso. Película que fue aclamada internacionalmente y que reveló a México en los festivales extranjeros y que la coloca como una de las mejores películas realizadas nuestro país.
El Vampiro Sangriento (1962) de Miguel Morayta
Primera parte de dos películas que dejaron huella en el cine mexicano. Miguel Morayta tuvo el acierto de llevar la obra no sólo por el camino del terror, sino que supo incluir un humor negro bastante bueno para relajar a la audiencia a lo largo de la obra que sobra decir, resulta original desde su trama, alejando a los vampiros de lo que la audiencia estaba ya acostumbrada. En el México del siglo XIX sucede esta historia, que empieza a los pies de un ahorcado, recogiendo una mandrágora, la cual lleva al espectador por un laberinto de intrigas, muerte y desesperación por parte de los implicados para lograr sobrevivir a los planes del conde Sigifrido y sus secuaces.
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La Invasión de los Vampiros (1962) de Miguel Morayta
Segunda y última parte de la renombrada obra de Miguel Morayta y el conde Sigifrido, En esta segunda parte, el conde regresa y con él el terror a la región, tiempo después de aquellos terroríficos eventos en los cuales se vio enfrascado con Cagliostro. Ahora toca el turno a Ulises y a Brunilda, nieta del Conde, antes de que se convirtiera en vampiro, de enfrentarlo junto con una legión de servidores aún más malévolos que en la versión anterior. Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero la regla se rompe con esta secuela que cuenta con una maravillosa escenografía, humor negro y una trama muy cuidada e ingeniosa, lejos de la costumbrista idea de los vampiros.
La Maldición De La Llorona (1963) de Rafael Baledón
Una mujer espectral permanece en medio del bosque, rodeada de varios mastines, junto con un deforme, ataca a quienes se crucen por su camino. Su misión es conseguir sangre humana para revivir a un vampiro demonio. Una jovencita llega a la casona de su familia junto con su marido, de visita. Ella es sobrina de la mujer fantasma, que cuando regresa a su casa, se convierte la Tía Telma.
Pedro Páramo (1966) de Carlos Velo
Versión de la novela de Juan Rulfo del mismo nombre. Es la historia de un tal Juan Preciado que acude al pueblo Comala a buscar a su padre Pedro Páramo. En su lecho de muerte la madre de Juan Preciado le extrajo la promesa de ir a exigirle a Pedro Páramo lo suyo. Encuentra un pueblo en ruinas que falta poco de ser desierto, en que los muertos no se quedan en sus fosas.
continuará.




























